11 mar 2010

Sobre los coloquios y las palabras en general.

ESPERE VERDE.

Es la primera vez que siento estos nervios; quién sabe cuándo volverán. Estos nervios, desesperados, que han secuestrado mi voz. No hay palabras, me digo. Hay rugidos, mohínes de sonidos que nadie entiende. Desde las gradas me obligan a hablar. Me lo propongo. Lo intento, bajito. Pronuncio lo siguiente: "Nunca me has necesitado". No, no, no, no. No, Patricia, piensa. ¿Qué quieres decir? Que todo ha sido maravilloso. Segundo intento, casi no oigo ni yo mis palabras: "Mi sonrisa sería más bonita si tú jugaras con mi falda". Miro al techo, plagado de focos, y lo veo todo blanco. Imagino que ahí arriba hubiera un Dios, el Dios de los coloquios, y le agradezco que me haya dejado sin voz mientras no acudan a mi boca palabras coherentes.

Mirando hacia las gradas vuelvo a ver las mismas miradas insistiendo en que diga algo. Venga, Patricia, imagina que este fuera el coloquio de tu vida. Y cojo el micrófono. No tengo ya más opciones que hablar, porque han encendido ese foco que centra toda la atención del público en una persona. Y esa persona soy yo. Así que me convezco para hablar, pero sin mirar a la gente: no quiero que sus miradas me hablen.

Entonces separo mis labios y hablo:

Te busco en todos los recreos, ¿sabes? Te tiro tierra a los ojos y al día siguiente te busco impaciente, nerviosa la comisura de los labios. ¿El dolor quién lo-cura? Que te curen ese dolor, que quiero empezar a correr. Que hoy es un día precioso, aunque me choque contra el suelo y me sienta tan imbécil. Hoy es un día espectacular. Hoy es el mejor día del mundo. Aunque no tenga palabras y mire al cielo, y en este techo no haya más que cables que me iluminan. Hoy es el día en que contesto bien en vez de bueno cuando me preguntan que qué tal.

Y para terminar, les agradezco que me hayan obligado a hablar. Qué descanso este del sabido discurso bien hecho. Qué bien saber que, desde algún día y para siempre, tengo voz.

Buenas noches desde mi escondite, que ahora es la casa de todos ustedes. Gracias por haberme mirado con la obligación de hablar en sus ojos. Quizás mañana todos sonrían. Suerte, y hasta la próxima.

2 comentarios:

  1. en el coloquio de tu vida sabrás perfectamente lo que decir...
    habrá que ver el corto, digo yo...
    llevo como 3 semanas para comentarte algo, pero esto no me deja.

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