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28 dic 2016

Hubo alguien que sí se fijó

A veces uno se da cuenta de que la vida es tan maravillosa

(gracias a algunas personas, normalmente)

que incluso los recuerdos más desordenados y las fotos más borrosas y mal encuadradas siguen siendo un tesoro









12 oct 2011

Ella tiene veintiuno.

(SobreBei)


La verdad es que lo que yo quería era vivir en una casa más grande. Con dos pisos, aunque detestaba las escaleras; con las paredes blancas, aunque las odio más aún y he terminado por llenarlo todo de recortes de periódico. Yo lo que quería era una casa de risa. En la que poder raptarnos los fines de semana, y los días de diario. Donde durmamos descalzos en el sofá y desayunemos como reyes. Yo lo que quería era una casa en otro continente que esté lejos de todo, pero no lo suficiente por si algún día me da la morriña y quiero volver pronto a casa. Y poder coger el móvil y decirte que te veo a las 7.40 en la esquina de La Kaixa. Llegaré un par de minutos tarde, por si no quieres esperar.

13 jul 2011

Desolación, Madrid.

Oiga, que aquí todos tenemos motivos para pasarnos la semana enfadados. A todo el mundo le hacen la puñeta en el trabajo y nadie se acuerda de llevar las bolsas al súper cuando va a comprar.
Todos nos creemos soldados, pienso a veces. Y tenemos la convicción de que vivimos en un campo de batalla y somos expertos en munición y estamos sobrados de valentía.

De entre todos los desgraciados de Madrid, uno mismo siempre es el más desafortunado. Saboreamos nuestro sufrimiento. Lo masticamos desde que nos levantamos y es lo último que escupimos antes de ponernos el pijama. Así es la vida. Amarga como el café de la mañana. Lenta como el regreso. Desquiciante como los "me gusta si a ti te gusta". Tan breve y tan mísera que se vuelve contra mí.

En algún lugar de sus bolsos están aburridos de esperar la sal, la pimienta, el aceite y todas esas cosas de los finales que acaban felices.
Pues, oiga, la tristeza de sus sonrisas me ha salvado la vida.
Sus presencias cada vez valen menos.
Y a mí Madrid cada vez me gusta más.

30 jun 2011

Me dijeron que las encontraría allí.

Atocha es triste a la par que alegre.



Ellas,
bien podrían ser un nuevo género de baobab.

14 jun 2011

La perspectiva de la mentira.

En una terraza de Madrid:

- Sabías que todo era mentira, pero te daba vidilla.










Dime, ¿era todo mentira?



6 jun 2011

Que dejen de pasar documentales de ratas.

Si vuelvo a ver documentales de ratas, moriré.

Me ato los cordones, y cuando subo la cabeza ¡ratas!
Salgo del metro y fuera diluvia. Me intento resguardar debajo de una marquesina del autobús, pero no hay ni un centímetro libre, está todo lleno de ¡ratas!

Miro el escaparate de la tienda de animales, y veo gatos con colas de ratas saliéndoles por la comisura de los labios.

Llego a casa, enciendo la tele, y veo una escena donde una cuarentona viuda grita despavorida encima de un sofá porque acaba de descubrir a una pareja de ratas anidadas (si es que las ratas se anidan) en su cocina.

En el bar de la plaza pido un café y mientras espero mis diez céntimos de vuelta un amigo me susurra: ¡rata!

Ratas, ratas, ratas.
Si vuelvo a ver documentales de ratas, lloraré. Las tengo anidadas en mi cabeza, meciéndose lentamente, arañando con sus dientecillos mis pensamientos, tarareando una canción insoportable.

31 may 2011

La querías porque llenaba tu vida de Alma.

La querías porque es de esas que se te cuelan entre las pestañas y estás perdido.
Y ni lo intentes: ya nunca podrás cerrar el grifo.


(pongamos que hablo de Madrid)

22 abr 2011

Guión de un ligoteo.

EXT. CALLE ANTIGUA DEL CENTRO DE MADRID – ATARDECER.

Un barrendero amontona la basura en la entrada de un restaurante de lujo. En la calle solo hay una pareja de ejecutivos trajeados. MARTINA (21) aparece corriendo desde una calle secundaria. Lleva un vestido de tirantes de flores y chaleco de color salmón y calza botas de militar. Al llegar a la puerta del bar colindante al restaurante de lujo, se suelta la larga coleta castaña y entra decidida.

INT. BAR – ATARDECER.

En el bar hay una decena de personas bebiendo solas. Dos jóvenes extranjeros discuten con el camarero. MARTINA se dirige a la parte trasera de la barra. ÁNGEL (37) escribe en una agenda mientras bebe de un vaso de tubo.

MARTINA

Madrid da asco en Agosto. Los de Barcelona tienen razón: no tenemos playa y es como vivir en un asadero.

ÁNGEL la mira mientras habla y, cuando termina, vuelve a escribir en su agenda. Tiene el pelo castaño y ondulado, casi hasta los hombros. Viste unos pantalones vaqueros y una americana. Es diestro y aprieta con violencia el bolígrafo plateado en las hojas.

MARTINA se desabrocha el chaleco, pero no se lo quita.

MARTINA

No hay nada que hacer en Madrid en agosto. ¡Es tan desolador! Ni siquiera parece que haya mendigos en las esquinas, ni músicos en el metro. Todo el mundo está fuera. Todos han hecho sus maletas y se han ido felices con sus familias. Bueno, puede que algunos no sean felices, ¡pero al menos están en la playa! ¿Qué importa si la que está a tu lado no te hace feliz, o si tus hijos son unos ignorantes que no llegarán a nada en su vida, mientras tengas el mar abierto en frente? El mar abierto… Salvaje. ¿Y qué hay de salvaje en Madrid esta noche? Bueno, ni siquiera ha anochecido y ya estoy convencida de que esta noche será una porquería. ¡Míranos a todos los que estamos aquí! Es este ambiente asolador el que nos exprime y deprime. ¿Lo has notado?

ÁNGEL, distraído, levanta un segundo la mirada de sus notas y mira a MARTINA confundido.

ÁNGEL

¿Notar el qué?

MARTINA

¡Este calor asfixiante! ¿Cómo no vamos a oler mal si la temperatura en esta ciudad no baja de los treinta grados? Parecemos los animales tristes del zoo de Madrid, vagando por estas calles esperando a que alguien nos lance una botella de agua fría. ¿Es que no sientes el aire enmohecido? ¿No se te pega la camisa al pecho? ¡Por Dios, pero si llevas una americana! Debes estar enfermo. ¿Acaso no estás a punto de desmayarte?

ÁNGEL se mira el pecho y después fijamente a MARTINA. Ella lleva las uñas cortas pintadas de rosa y colorete por encima de las mejillas. Tiene un lunar debajo encima de la ceja derecha que a veces se esconde con el flequillo, cuando mueve rápido la cabeza.

ÁNGEL

No tengo calor. Puedo pedirte una cerveza, o agua, si tú sí tienes calor.

MARTINA

Claro, gracias. Una cerveza estará bien. No será como bebérmela en la arena de una cala del sur, pero estará bien. Por cierto, me llamo Martina. Nací en Granada pero me mudé cuando tenía cinco años. No recuerdo muchos detalles de mi infancia, pero conservo alguna fotografía de cuando aprendí a andar y se aprecia que amaba la playa. Bueno, no sé hasta qué punto se puede amar a un objeto sin vida. Aunque, pensándolo bien, el mar tiene más vida que tú y que yo juntos. Me refiero a que no sé si se puede amar algo que no sea humano. Ya sabes, amor… amor.

ÁNGEL

Yo amo mis dibujos.

MARTINA

¿Dibujas? Uau, adoro a los artistas. Lo máximo que puedo dibujar es un paisaje soleado de montañas. ¡Se me da tan mal! De verdad, te reirías de mí si vieras mis garabatos. ¿Te dedicas a ello? Seriamente, digo, como medio para ganarte la vida.

ÁNGEL

Bueno, sí. Hago algunas cosillas… Cabeceras para unas revistas e ilustraciones para una editorial infantil. Nada del otro mundo.

MARTINA

¡Eso es maravilloso, me encantan los niños! ¡Quiero tener centenares de hijos! Uno artista, otro cocinero, un cirujano, una bailarina de ballet… ¿No te parecen adorables esos mocosos? Porque yo adoro a esos renacuajos. ¡Aunque luego cuando crecen…! Pero bueno, no se puede pensar siempre en el futuro. Hay cosas que hay que hacer ahora, y si luego un hijo te sale tonto, ¡pues qué le vamos a hacer! Pero hay que pensar en el presente. En este abril. Que ya han pasado demasiados abriles y hemos dejado sin hacer muchas cosas que queríamos haber hecho. ¿No te parece? Yo ya estoy cansada de tantos errores. Es como vivir un eterno agosto en Madrid. Ya está bien de dejar de hacer cosas. Así que recoge tus cosas, voy a enseñarte unos jardines que hay aquí cerca.

MARTINA se levanta corriendo de taburete. ÁNGEL la mira confundido e intrigado sin moverse.

MARTINA

¡Vamos, levántate! Déjate llevar, que no te guíe tu cabeza, que te guíen tus ganas.

ÁNGEL

Martina…

MARTINA le interrumpe mientras empieza a hacer pataletas delante de él.

MARTINA

¿De qué tienes miedo? Ya eres todo un hombre, no debería darte miedo un jardín. No es el jardín del Edén, no vamos a tener todos esos hijos si tú no quieres.

ÁNGEL

Vale, vamos al jardín. Pero si tenemos un hijo, se llamará Simón, como mi padre.

MARTINA

Vale, acepto el trato. Firmo sentencia para el primero de nuestros hijos.

25 ene 2011

Chica, especialízate.

He vuelto a romper los auriculares de mi reproductor de música. De la manera más tonta: tirando del cable en un ataque de rabia. Con desesperación. Tirando del cable como si alcanzando a ver el otro extremo fuera a terminar con todo. Tonta.

Vuelvo a tener que escuchar conversaciones ajenas en mis viajes de autobús. Las señoras de delante se van de boda (tendré que ponerme el traje de la comunión del niño, porque en época de crisis ya se sabe). El conductor se pasa una parada y un oficinista trajeado le grita desde la puerta de atrás (qué pasa, ¿que no piensa en lo que hace?).

Y a mí lado está Lucas Belmonte. No le conozco de nada, pero se ha sentado hace diez minutos en el asiento contiguo a mi montaña de cosas y ya conozco más detalles de su vida que de la de otra mucha gente que considero amiga. Que él es pintor e hizo una exposición en un pueblecito de Madrid. Que cómo me llamo. Laura-contesto (porque Laura le dice a los desconocidos que su nombre es Eugenia; pero si hubiera pronunciado Eugenia en lugar de Laura me hubiera empezado a reír, reírme sin parar, viendo cómo el autobús se queda vacío y Lucas me mira con cara de asombro mientras piensa de qué cojones se ríe esta chica).

Pienso con alivio que estoy cerca de mi casa, mientras Lucas no para de hablarme. Me dice que tengo que cuidar a mis amigas, que son lo mejor que tengo. En su caso son amigos, pero se imagina -me comenta- que yo tendré amigas. Ya se sabe cómo somos los humanos.
Que no entiende por qué no tiene novia. Siempre ha buscado una mujer, y ha estado dos veces enamorado. A una de ellas la conoció en una terapia de estas a las que va la gente con problemas de alcoholemia (pero que él ya no bebe, nunca, nada, lo jura, te lo juro, Laura, te lo juro aunque me huela el aliento a vodka barato y la cerveza haya hecho estragos en mi tripa).

Pero no le importa no tener pareja, no me importa, qué le va a importar a Lucas que la jovencita de Alcohólicos anónimos dejara de llamarle, porque lo más importante en la vida,Laura, es especializarse en algo. Da igual en qué (me hubiera gustado preguntarle si tiene valor que me especialice en baldosas, pero imagino que hubiera dicho que sí), lo importante es ser el mejor en algo. Entonces la gente se acordará de ti cuando necesiten ese algo y te llamarán. Laura, especialízate en algo.

Chica, especialízate en algo.

(pero en qué, pero en quién)

12 ene 2011

Feliz año nuevo.

Mundo, tienes razón.
Soy una canalla.
De los pies a la cabeza.
Pero empiezo a tener las cosas (un poco) claras.
Ya sé lo que quiero.
Ya sé.
Ya sé.
Ya sé.
Lo que quiero.

Los primeros días me fui diseminando. De repente estaba huyendo, buscando cosas como una loca, buscando detrás de los portales, en los pasillos estrechos, en el fondo de las miradas.
Sin embargo, los últimos meses (y un día) he sido la narradora de mi propia vida. Y cuánto he crecido. Al principio hubo daño, y palos y golpes, y abrazos y conversaciones que lo cambiaron todo.
Y ahora, se me escapa entre los dientes un 'feliz...'. Porque me he aficionado a colgarme de hilos infinitos. Y a coleccionar saltos. Y a tenerlo todo a manos llenas.

Aunque a veces eso signifique querer a quien no me quiere. Y que a veces quien me quiere, se cansa.

10 ene 2011

A ti quién.

Ha estado una hora cocinando la cena del reencuentro. Ahora se arregla el pelo frente al espejo del armario, colocando las horquillas entre los mechones despeinados. Nunca ha cocinado cordero antes, así que no está segura de que vaya a estar en su punto. Quizás un poco pasado, tal vez un poco crudo. Se esmera en elegir un vino desapercibido, ni muy espeso ni muy débil.

Apaga el horno y corre por el pasillo nerviosa cuando suena el timbre del portal. Deja entreabierta la puerta de madera mientras vuelve a la cocina para colocar el delantal que usó para no manchar su blusa.
Vuelve al salón, porque la puerta ya está cerrada, y comprueba que su compañero está tumbado, con los zapatos puestos y la chaqueta encima de la mesa disfrazada. Ve cómo intenta sacarse la camisa con esfuerzo mientras balbucea.
-¿Necesitas ayuda?
Ni una palabra, ni una señal. Si acaso, una mirada de rechazo, desafiante y ebria, que acaba por desplomarse.
-Anda, deja que te cuide.
Y se olvida de la cena, y del vino en la mesa, y del postre, y de la blusa recién planchada. Toda postura y mentira. Porque a ti quién te cuida, ¿eh, Martina? A ti quién.

27 sept 2010

Hogar, dulce hogar.

Me he convertido en superman y batman a la vez, así que no puede pasarme nada malo.
Ahora miro hacia atrás y veo que lo que hace un mes me dejaba sin respiración, no me provoca ni el más mínimo cosquilleo. Y viceversa.

25 ago 2010

Ven, ponte cómodo. Te dejo que elijas asiento en el sofá. Yo pongo las palomitas. Tú sólo disfruta de mi fracaso.
Termina de recoger, acaba de llevártelo todo.

18 ago 2010

Verano, viaje al infierno.

Cada paso adelante que doy en este viaje al infierno es como una bofetada por sorpresa.

Pasaporte en regla.
Bofetada.
Seguro médico en regla.
Bofetada por sorpresa.
Despedidas por meses.
Bofetada por sorpresa.

Durante estos días en el pueblo me han recordado lo mala que era de pequeña. Que no quería ver a mis tíos, me asustaba el género masculino. Me miran y no me ven a mí, ven a aquella niña pequeña con el pelo rizado. Qué orgullosa eras. Qué mal carácter tenías. Siempre ofendida, ¡tan particular!
Tienen razón, soy una orgullosa. Por eso no me verán decir que éste es mi viaje quebrantador. Que me destruye, me despedaza, anula mi moral. Soy una orgullosa, por eso no me atrevo a levantar la vista y ver lo que voy a perderme estos meses. No quiero mirar, sé que si lo hago se me rasgará el alma en pedacitos. Y así, con la vista clavada en el suelo, me abrazo el cuerpo y me bebo todas esas lágrimas que no estoy dispuesta a llorar.

23 feb 2010

Mañana.

Despedirme de cada planta va a ser morirme cada vez, o sentirlas que se van a morir, sin mi cuidado. Y los muebles tan lindos, comprados en aquella calle de todas las cosas de segunda mano. Cosas preciosas, algunas verdaderas antigüedades. Habrá que liquidar todo. Cada venta un luto más. Falta tan poco tiempo para la última despedida de este mundo, que estos otros chau no me producen ninguna gracia, Nidia. No quiero despedidas de ninguna clase. Quiero quedarme tranquila en mi rincón, que no está acá donde no conozco a nadie y no quiero a nadie. Mi rincón está ahí, en una camita de una plaza desde donde veo el jardín que yo misma planté hace seis años. No tengo tiempo para plantar otro jardín, y menos que menos en un lugar tan lindo pero tan frío como este.

Manuel Puig




Descubrí este julio que hay dos tipos de despedidas: las deseadas y las impuestas. El conflicto es que la mayoría son impuestas. Y a esas las odio. Sobre todo porque tienen una fecha designada previamente, muy previamente. Y voy abriendo el camino, voy acercándome a lo que me gustaría hacer antes de decir el adiós definitivo. Y cuando me lleno de valor y voy a decir lo que me atormenta ya es demasiado tarde. Siempre es demasiado tarde cuando se trata de decir las cosas para las que hace falta valor.

17 feb 2010

Madrid, ciudad pesadilla.

Madrid

(a ojos de quien no es de Madrid)


Dicen que vamos a mayor velocidad de la permitida. Qué sabrán ellos. Malgastan su tiempo preguntándose cuál debe ser el momento que recuerden antes de morir, antes de dormir, antes de coger el avión que les traiga aquí. Invierten horas en la búsqueda, porque -explican- tienen un millón de recuerdos entre los que elegir, y quieren irse sonriendo.

Dicen que vamos a mayor velocidad de la permitida, me piden la documentación de muy malas formas. Y susurran entre ellos, y se cansan de explicar que la gente de Madrid, la Ciudad Maravilla, somos de corazón endeble y desacompasado. Pero qué nos creemos que somos; acaso somos algo más que poesía o literatura en desuso, abandonada. Madrid, como si por ser de Madrid pudiéramos olvidar antes, curar más rápido las heridas, ¡incluso no dejar cicatrices!

Les miro. No les culpo por pensar eso de mí. Es verdad que voy a mayor velocidad de la permitida. Voy a doscientos kilómetros por hora en la carretera que me lleva de tu ventrículo izquierdo a tu aurícula derecha. Sí, sobrepaso el límite de lo permitido. Posiblemente también sea cierto que nunca me detengo a observar. Y que jamás extiendo los brazos para sentir el aire, ni me imagino nubes cuando nos las hay. Pero soy capaz de sobrepasar la velocidad permitida para ir de su ventrículo izquierdo a su aurícula derecha: no podemos ser tan aberrantes, tan defectuosos.