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5 abr 2011

El cartero ha muerto de frío.

¿Hace frío, o solo lo sienten ellos?
Porque tiritan. Los carteros de Correos de Alemania, digo.

Se congelan y no entran en calor aunque den zancadas largas para acabar antes su tarea diaria y poder llegar a casa a andar descalzos, libres de ataduras de horarios y de los entresijos de las calles del país. No les sube la temperatura aunque hagan volar en territorio amable todos los juegos de té antes de que llegue la hora de la cena y la casa se llene de -nada.

Se congelan, digo. Aunque se esfuercen en que la sopa de sobre del supermercado de debajo de su casa hierva en la vitrocerámica y rebose a la noche. Aunque se pongan dos pares de calcetines y un body y una bufanda y vivan enganchados a la manta eléctrica.

Se congelan. Los carteros de correos del mundo entero se congelan. No tienen alma. Lo siento, Inés, pero no tenéis alma. Será porque por sus manos pasan millones de historias de amor, de amistad, de ofertas, de rechazos, de intrigas, de mentiras, de excusas y pasiones que jamás (así pase catorce veces el cometa Halley) les pertenecerán.

22 feb 2011

California.

La ciudad de los ideales desertados.

Allí ya no se cree en los habitantes (ni siquiera en los refugiados), ni en las publicaciones, ni en las canciones de amor, ni en los horarios de los trenes.
Allí se cree en proyectos, en las perspectivas, en los lunares y en la luz.

Lago y leyes.

3 feb 2011

La piel no miente.

De repente un brote de alergia.

Tenía diecinueve años cuando aquella sensibilidad extrema y contraria a ciertas personas o temas nació en su cuerpo. Fue una alergia blanda y hermosa, nada parecido a eso que cuentan. No hubo vendavales ni corazones rotos. Fue una mujer adulta y no se sacó aquellas manchas ni frotando ni con medicinas. Las observaba por la mañana, tan rojas y abultadas, y después no volvía a prestarlas atención. Como esa clase de amor que se sabe que se tiene, pero no se grita. No es necesario exponerlo.

Esa clase de alergia, de amor de tercera, le siguió buscando meses después.
Lo que la piel decía es que era evidente que volvía a convivir con aquella sensibilidad extrema y contraria a ciertas personas o temas. Y todo el mundo sabe que la piel no miente.


12 ene 2011

Feliz año nuevo.

Mundo, tienes razón.
Soy una canalla.
De los pies a la cabeza.
Pero empiezo a tener las cosas (un poco) claras.
Ya sé lo que quiero.
Ya sé.
Ya sé.
Ya sé.
Lo que quiero.

Los primeros días me fui diseminando. De repente estaba huyendo, buscando cosas como una loca, buscando detrás de los portales, en los pasillos estrechos, en el fondo de las miradas.
Sin embargo, los últimos meses (y un día) he sido la narradora de mi propia vida. Y cuánto he crecido. Al principio hubo daño, y palos y golpes, y abrazos y conversaciones que lo cambiaron todo.
Y ahora, se me escapa entre los dientes un 'feliz...'. Porque me he aficionado a colgarme de hilos infinitos. Y a coleccionar saltos. Y a tenerlo todo a manos llenas.

Aunque a veces eso signifique querer a quien no me quiere. Y que a veces quien me quiere, se cansa.

7 ene 2011

Sí(amesas)

Un par de años después de lo convenido estrenamos fecha,
con la sensación extraña de que son Otros los que tienen que marcar nuestro cumpleaños y no nosotros mismos.

¿Qué aportó tanta parafernalia?
El fin de la tensión en los músculos.
La consumación del desencanto.
Terminar con el hambre (que no es más que no estar).


Y es que a veces el hueco del hambre nos hace cosquillas en la tripa.
Te levantas de madrugada, cuando te das cuenta de que la cama te ha quedado grande toda la noche y llevas algunas horas hecha un ovillo en la esquina del colchón, pensando con los ojos cerrados en lo que pudo ser.
Entonces te sientas en el borde de la cama, con las manos apretadas en la cintura y recuerdas qué cenaste ayer. Medio café y toneladas de cereales mientras veías aquella película francesa. Tenía que haberme quedado satisfecha con eso, piensas.

Pero entonces abres los ojos más de lo normal y te tapas la boca con las manos, y caes en la cuenta de que no es el hambre lo que te quita el sueño. Son las ausencias. Por eso no has podido dormir y la mañana te sabe amarga.

Entonces se nos ocurre formalizar un día para recordarnos que no existen las ausencias.
Que podemos encontrarnos en cualquier atardecer.
14 de diciembre.

5 dic 2010

Dignidad.

Supongo que la vida es como un eterno examen de conducir, donde el mejor consejo que pueden darte es el que sigue:
Cuando tomes una decisión, no la cambies. Si dudas, deja siempre la primera opción que hayas elegido.

Y yo no dejo de equivocarme. Fallé en el examen de conducir; cometí todos los errores que un conductor puede cometer. Y fallo regularmente en la ardua tarea del Ser.

Dignidad, desde que te fuiste a comprar tabaco no he vuelto a saber nada más de ti. Hay quien dice que no eres más que un agente secreto que solo quería sacarme información sobre las armas de destrucción masiva más dañinas para mi ventrículo izquierdo. Otros dicen que no eras más que un sueño de noche de invierno. Algunos insinúan que eras invención mía.

Pero, dignidad, yo sé que existías y que has ido a comprar gasolina para acabar con todos los que decoran sus vidas con fotos en blanco y negro. Sus vidas, y sus mesillas de noche, y sus cajones, y sus recuerdos, y sus tardes, y mi ausencia.

29 nov 2010

Las vueltas que da la vida.


El último veintisiete de lejos de casa lo pasé dando vueltas, sacudiéndome de encima aquel invierno que se me había pegado como una costra a los huesos


(y lo saqué) (dando vueltas).

22 nov 2010

Irina.




Si hay algo que no he dudado en estos dos últimos años es que voy a quererla cada mañana.

Felices 20.
Felices bailes de rodillas, y sonrisas, y carreras en patines. Feliz vida, Irina. Feliz estancia en Madrid, la ciudad maravilla. No sé qué será de mí en Madrid sin ti el año que viene. Porque no concibo un aula 109 sin ti. Ni un año entero sin ti. Ni Irlanda sin ti. Ni 22 de noviembre sin ti. Ni un solo día sin quererte, pequeño colín.

Ven, que te abrazo.

10 nov 2010

Salvar las distancias.

El preciso, que no precioso, instante en que te das cuenta (después de casi cien días) de que la distancia es insalvable, y que ni con todas las cartas de Mickey del mundo y del inframundo podrías librar el olvido.


Otoño en Munchën
(que es una bonita forma de rehuir la evidencia).

26 oct 2010

¿Acaso pensaste que esta vez sería diferente?

Dos meses después de llegar a mi nueva ciudad, todo vuelve a ser como siempre.





Siempre es igual.

Podríamos caer, me dices.

Si caemos, que sea intenso. Si caemos, que suene débilmente esa canción que pone el dedo en la llaga. Si caemos, intentaré recordar nuestro último baile, el gesto que me hiciste al despedirte y tus palabras prometiéndome un feliz invierno.
Si caemos, y caeremos, me inventaré un plan para escapar hacia delante y dejar de caer hacia abajo. Aunque no sé a quién pretendo engañar, si siempre es igual y, por mucho que nos levantemos, volveremos a caer.


13 oct 2010

Frío y lenguas calientes.

De repente todo está helado. Hace frío en la calle, en el lago, en el pasillo de las lavadoras, en la cama, en las escaleras, en el camino a casa, en la ducha, en el suelo. En sus coordenadas, en mi piel.


A veces nos arrasa una corriente de aire helado y mis doscientas pulsaciones por minuto se quedan encajadas entre las costillas. Entre mis costillas, digo, porque hoy cualquier otro hueso se me antoja demasiado lejano.

28 sept 2010

O quizá no sea así.

¿Acaso quieres decir, mi querido poeta secreto, que miento? ¿Insinúas que engaño a los demás, que me engaño a mí misma, que te engaño a ti?

Quizá no haya sido del todo sincera: algo está cambiando y todavía no lo había anunciado.
Me armo de valor. ¿Lo notas ahora, sientes cómo trato de ser honesta?

27 sept 2010

Hogar, dulce hogar.

Me he convertido en superman y batman a la vez, así que no puede pasarme nada malo.
Ahora miro hacia atrás y veo que lo que hace un mes me dejaba sin respiración, no me provoca ni el más mínimo cosquilleo. Y viceversa.

20 sept 2010

Francia.

Esto es Francia. Esto es vida.








Puedo deslizarme por las calles de Francia sin mover los pies. En sus aceras no hay historias de amor no correspondido, ni reproches, ni huesos frágiles. Me tropiezo con caballetes en cada esquina, y los pintores sorben sus cafés, me sonríen y se encogen de hombros. En Francia no hay teoría de la vida, porque Francia es -en sí misma- la práctica de la aventura.

Pero de repente, ¡sorpresa!, alguien llora en las escaleras de la catedral de Notre Dame de Estrasburgo. Me acerco despacio y observo que mantiene un libro sobre las rodillas y absorbe sus lágrimas sin hacer mucho ruido. Mira al frente, asustado, se balancea rítmicamente.
- ¿Es un libro triste?
Él asintió despacio.


1 sept 2010

Once minutos para ducharte. Once minutos para hacer la cena.

El ser humano puede soportar una semana de sed, dos semanas de hambre, muchos años sin techo, pero no puede soportar la soledad. Es la peor de todas las torturas, de todos los sentimientos. Aquellos hombres, y los otros muchos que querían su compañía, sufrían como ella ese sentimiento destructor, la sensación de que nadie en esta tierra se preocupaba por ellos.

Once minutos.
Paulo Coelho (asesino de horas y palabras).