15 ene 2014
Sobrecarga por omisión: Callarse como cabrones.
Esto es: el derecho que creemos tener de no dar explicaciones, aplicando el "no-diálogo".
O cómo la imposición del silencio puede dañarnos.
Porque negarse a escuchar o a hablar cuando el otro necesita comunicar emociones o sentimientos es una forma encubierta de mandarlo todo a la basura.
18 ago 2010
21 jul 2010
Enamorados de verano.
17 feb 2010
Madrid, ciudad pesadilla.
(a ojos de quien no es de Madrid)
Dicen que vamos a mayor velocidad de la permitida. Qué sabrán ellos. Malgastan su tiempo preguntándose cuál debe ser el momento que recuerden antes de morir, antes de dormir, antes de coger el avión que les traiga aquí. Invierten horas en la búsqueda, porque -explican- tienen un millón de recuerdos entre los que elegir, y quieren irse sonriendo.
Dicen que vamos a mayor velocidad de la permitida, me piden la documentación de muy malas formas. Y susurran entre ellos, y se cansan de explicar que la gente de Madrid, la Ciudad Maravilla, somos de corazón endeble y desacompasado. Pero qué nos creemos que somos; acaso somos algo más que poesía o literatura en desuso, abandonada. Madrid, como si por ser de Madrid pudiéramos olvidar antes, curar más rápido las heridas, ¡incluso no dejar cicatrices!
Les miro. No les culpo por pensar eso de mí. Es verdad que voy a mayor velocidad de la permitida. Voy a doscientos kilómetros por hora en la carretera que me lleva de tu ventrículo izquierdo a tu aurícula derecha. Sí, sobrepaso el límite de lo permitido. Posiblemente también sea cierto que nunca me detengo a observar. Y que jamás extiendo los brazos para sentir el aire, ni me imagino nubes cuando nos las hay. Pero soy capaz de sobrepasar la velocidad permitida para ir de su ventrículo izquierdo a su aurícula derecha: no podemos ser tan aberrantes, tan defectuosos.
30 ene 2010
Dependencia.
26 nov 2009
El ombligo del otoño.
Me gritas que tú sí tienes una vida. Y a mí me gustaría gritarte que tus caídas son incorregibles. Te veo caer. Y caer siempre será un error. Es verdad que yo también caigo a veces, pero escondo ese detalle porque este noviembre me importa poco que tú subas.
Yo siempre he subido sola. El volumen, las persianas, el nivel del mar. Los ascensores. Subiría todos los ascensores de los edificios de Nueva York.
Y caeré. Un millón de veces más. Pero siempre me salvo, aunque no sepa bien de qué.
Tú ni siquiera ves que estás cayendo.
