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23 oct 2015

Adelanto.

Hay noches,

no muchas ni tampoco pocas,

en que pienso en

8 may 2011

Paloma.

- Ya, sé que parece una locura, pero estoy totalmente segura. Que sí, que es información de primera mano. No te rías, que el pobre novio lo debe de estar pasando fatal, porque encima ha sido con su mejor amigo. No, el mejor amigo de Paloma no, el mejor amigo de él. No, ¿cómo voy a saber por qué? Qué sé yo. El tiempo, supongo. El maldito tiempo, que siempre está aquí, expuesto delante nuestro, hiriendo solo con su presencia. Yo... hubiera vendido la mitad de mi alma por un amor como el suyo. ¡Qué manera de amarse! Siempre radiantes, con aquella vida abismal, inmensa. Alguna vez Paloma me ha visto mirándolos embobaba, como si nunca hubiera conocido a dos enamorados. Y lo cierto es que algo así no lo había visto en años, un amor tan terco, sin descanso, tan procaz y cadencioso. Ahora pienso en cómo han terminado y se me revuelven las entrañas y se me sacuden como si todo el viento de Chicago, ya sabes, la ciudad de los vientos, hubiera entrado dentro. A veces me vienen ráfagas de nostalgia y, otras veces, de aparente calma. Porque todo está perdido, de antemano -dice Martina, sujetando el teléfono con una mano y alisándose la falda con la otra, caminando hasta el lavabo. Se miró al espejo y tanta pulcritud le hizo daño.

22 abr 2011

Guión de un ligoteo.

EXT. CALLE ANTIGUA DEL CENTRO DE MADRID – ATARDECER.

Un barrendero amontona la basura en la entrada de un restaurante de lujo. En la calle solo hay una pareja de ejecutivos trajeados. MARTINA (21) aparece corriendo desde una calle secundaria. Lleva un vestido de tirantes de flores y chaleco de color salmón y calza botas de militar. Al llegar a la puerta del bar colindante al restaurante de lujo, se suelta la larga coleta castaña y entra decidida.

INT. BAR – ATARDECER.

En el bar hay una decena de personas bebiendo solas. Dos jóvenes extranjeros discuten con el camarero. MARTINA se dirige a la parte trasera de la barra. ÁNGEL (37) escribe en una agenda mientras bebe de un vaso de tubo.

MARTINA

Madrid da asco en Agosto. Los de Barcelona tienen razón: no tenemos playa y es como vivir en un asadero.

ÁNGEL la mira mientras habla y, cuando termina, vuelve a escribir en su agenda. Tiene el pelo castaño y ondulado, casi hasta los hombros. Viste unos pantalones vaqueros y una americana. Es diestro y aprieta con violencia el bolígrafo plateado en las hojas.

MARTINA se desabrocha el chaleco, pero no se lo quita.

MARTINA

No hay nada que hacer en Madrid en agosto. ¡Es tan desolador! Ni siquiera parece que haya mendigos en las esquinas, ni músicos en el metro. Todo el mundo está fuera. Todos han hecho sus maletas y se han ido felices con sus familias. Bueno, puede que algunos no sean felices, ¡pero al menos están en la playa! ¿Qué importa si la que está a tu lado no te hace feliz, o si tus hijos son unos ignorantes que no llegarán a nada en su vida, mientras tengas el mar abierto en frente? El mar abierto… Salvaje. ¿Y qué hay de salvaje en Madrid esta noche? Bueno, ni siquiera ha anochecido y ya estoy convencida de que esta noche será una porquería. ¡Míranos a todos los que estamos aquí! Es este ambiente asolador el que nos exprime y deprime. ¿Lo has notado?

ÁNGEL, distraído, levanta un segundo la mirada de sus notas y mira a MARTINA confundido.

ÁNGEL

¿Notar el qué?

MARTINA

¡Este calor asfixiante! ¿Cómo no vamos a oler mal si la temperatura en esta ciudad no baja de los treinta grados? Parecemos los animales tristes del zoo de Madrid, vagando por estas calles esperando a que alguien nos lance una botella de agua fría. ¿Es que no sientes el aire enmohecido? ¿No se te pega la camisa al pecho? ¡Por Dios, pero si llevas una americana! Debes estar enfermo. ¿Acaso no estás a punto de desmayarte?

ÁNGEL se mira el pecho y después fijamente a MARTINA. Ella lleva las uñas cortas pintadas de rosa y colorete por encima de las mejillas. Tiene un lunar debajo encima de la ceja derecha que a veces se esconde con el flequillo, cuando mueve rápido la cabeza.

ÁNGEL

No tengo calor. Puedo pedirte una cerveza, o agua, si tú sí tienes calor.

MARTINA

Claro, gracias. Una cerveza estará bien. No será como bebérmela en la arena de una cala del sur, pero estará bien. Por cierto, me llamo Martina. Nací en Granada pero me mudé cuando tenía cinco años. No recuerdo muchos detalles de mi infancia, pero conservo alguna fotografía de cuando aprendí a andar y se aprecia que amaba la playa. Bueno, no sé hasta qué punto se puede amar a un objeto sin vida. Aunque, pensándolo bien, el mar tiene más vida que tú y que yo juntos. Me refiero a que no sé si se puede amar algo que no sea humano. Ya sabes, amor… amor.

ÁNGEL

Yo amo mis dibujos.

MARTINA

¿Dibujas? Uau, adoro a los artistas. Lo máximo que puedo dibujar es un paisaje soleado de montañas. ¡Se me da tan mal! De verdad, te reirías de mí si vieras mis garabatos. ¿Te dedicas a ello? Seriamente, digo, como medio para ganarte la vida.

ÁNGEL

Bueno, sí. Hago algunas cosillas… Cabeceras para unas revistas e ilustraciones para una editorial infantil. Nada del otro mundo.

MARTINA

¡Eso es maravilloso, me encantan los niños! ¡Quiero tener centenares de hijos! Uno artista, otro cocinero, un cirujano, una bailarina de ballet… ¿No te parecen adorables esos mocosos? Porque yo adoro a esos renacuajos. ¡Aunque luego cuando crecen…! Pero bueno, no se puede pensar siempre en el futuro. Hay cosas que hay que hacer ahora, y si luego un hijo te sale tonto, ¡pues qué le vamos a hacer! Pero hay que pensar en el presente. En este abril. Que ya han pasado demasiados abriles y hemos dejado sin hacer muchas cosas que queríamos haber hecho. ¿No te parece? Yo ya estoy cansada de tantos errores. Es como vivir un eterno agosto en Madrid. Ya está bien de dejar de hacer cosas. Así que recoge tus cosas, voy a enseñarte unos jardines que hay aquí cerca.

MARTINA se levanta corriendo de taburete. ÁNGEL la mira confundido e intrigado sin moverse.

MARTINA

¡Vamos, levántate! Déjate llevar, que no te guíe tu cabeza, que te guíen tus ganas.

ÁNGEL

Martina…

MARTINA le interrumpe mientras empieza a hacer pataletas delante de él.

MARTINA

¿De qué tienes miedo? Ya eres todo un hombre, no debería darte miedo un jardín. No es el jardín del Edén, no vamos a tener todos esos hijos si tú no quieres.

ÁNGEL

Vale, vamos al jardín. Pero si tenemos un hijo, se llamará Simón, como mi padre.

MARTINA

Vale, acepto el trato. Firmo sentencia para el primero de nuestros hijos.

3 feb 2011

La piel no miente.

De repente un brote de alergia.

Tenía diecinueve años cuando aquella sensibilidad extrema y contraria a ciertas personas o temas nació en su cuerpo. Fue una alergia blanda y hermosa, nada parecido a eso que cuentan. No hubo vendavales ni corazones rotos. Fue una mujer adulta y no se sacó aquellas manchas ni frotando ni con medicinas. Las observaba por la mañana, tan rojas y abultadas, y después no volvía a prestarlas atención. Como esa clase de amor que se sabe que se tiene, pero no se grita. No es necesario exponerlo.

Esa clase de alergia, de amor de tercera, le siguió buscando meses después.
Lo que la piel decía es que era evidente que volvía a convivir con aquella sensibilidad extrema y contraria a ciertas personas o temas. Y todo el mundo sabe que la piel no miente.


10 ene 2011

A ti quién.

Ha estado una hora cocinando la cena del reencuentro. Ahora se arregla el pelo frente al espejo del armario, colocando las horquillas entre los mechones despeinados. Nunca ha cocinado cordero antes, así que no está segura de que vaya a estar en su punto. Quizás un poco pasado, tal vez un poco crudo. Se esmera en elegir un vino desapercibido, ni muy espeso ni muy débil.

Apaga el horno y corre por el pasillo nerviosa cuando suena el timbre del portal. Deja entreabierta la puerta de madera mientras vuelve a la cocina para colocar el delantal que usó para no manchar su blusa.
Vuelve al salón, porque la puerta ya está cerrada, y comprueba que su compañero está tumbado, con los zapatos puestos y la chaqueta encima de la mesa disfrazada. Ve cómo intenta sacarse la camisa con esfuerzo mientras balbucea.
-¿Necesitas ayuda?
Ni una palabra, ni una señal. Si acaso, una mirada de rechazo, desafiante y ebria, que acaba por desplomarse.
-Anda, deja que te cuide.
Y se olvida de la cena, y del vino en la mesa, y del postre, y de la blusa recién planchada. Toda postura y mentira. Porque a ti quién te cuida, ¿eh, Martina? A ti quién.

18 nov 2010

La decisión más complicada (de Martina).

Y así fue como Martina tomó la decisión más complicada que había tomado nunca.

Aquella mañana, después de haber dormido tres horas escasas, decidió que la gente tiene que ser feliz. Si no, ¿qué sentido tiene todo? Así que se puso en pie, revitalizada por aquella idea que se había gestado en su cabeza mientras ella yacía en su cama con los ojos cerrados y millones de ideas deambulando por los rincones más ocultos de su mente, y comenzó aquel nuevo día con zumo de naranja y cereales de chocolate.

Y con la decisión tomada.
Porque la negrura provocada por la cortinilla de su habitación le había hecho entender, aquella noche en que durmió apenas tres horas, que la gente vive para ser feliz. Es el objetivo último. Estudian para trabajar en algo que les haga feliz. Se relacionan con la gente que les hace felices. Todo para ser feliz.

Y ella estaba siendo feliz. Y debía dejar que la gente lo fuera. De no ser así, seguiría siendo la persona más egoísta del mundo y eso la convertiría en una mujer infeliz.

Así que lo hizo.
Con valor.
Sin temblores en la mano.


11 jul 2010

El bebé de nancy no respira.

Nancy regresa del baño y aparece por la puerta principal de la tienda justo cuando yo estoy volviendo al mostrador. Tiene la piel blanca y una mezcla de dolor, pena y desesperación en el rostro. Me mira con ojos sonámbulos muy abiertos y las mejillas tersas. Está haciendo fuerza con sus labios para mantenerlos apretados; parece que tema gritar como una madre que acabe de perder a su bebé si abre la boca.
Lo cierto es que Nancy acaba de perder a su bebé de un día. Y se agarra la tripa plana y lamenta no haber podido servir de cascarón a su hijo.
Han pasado tres segundos y todavía no ha pronunciado ni una palabra ni ha emitido un sonido. No importa, su gesto vertical transmite más que cualquier discurso.

Ya no habrá un niño blanquito y arrugado al que podamos enseñarle los valiosos valores y talantes de los que estuvimos hablando un rato atrás. Nancy no le pondrá música cuando sea un feto del tamaño de un guisante, ni le leerá poesía en la piscina de su casa nueva. Yo no podré cuidarle como si fuera mi hijo. Ya nadie aprenderá de mí que no hay que tener miedo a equivocarse y que los sentimientos de uno deben aceptarse, aunque sean nuevos y sorprendan, y te despierten en la madrugada y no te dejen dormir, y te obliguen a escaparte del trabajo y de las clases y de las reuniones sociales porque necesitas aire, aire, aire. Respirar.

10 jun 2010

Junio disfrazado de invierno.

No lo tomes a mal. Si yo estuviera enferma, me gustaría que tú me cuidases. "Mi mujer está enferma: voy a matar este cordero para hacerle un buen guiso de carne. Mi mujer está enferma: voy a guardar esta enjundia de gallina para aliviar su pecho; voy a llevarle esta piel de oveja para guardar sus pies de la nieve". Así soy yo. Por eso te cuido.
Yerma.


Ayer tuvo que salir corriendo del metro porque llovía como en diciembre. Y sintió que era Navidad cuando se le pegó el pelo a la cara y el aire frío le hizo tiritar y correr más rápido. Sentirse como en diciembre es una completa inmundicia. Sobre todo cuando el invierno anterior le asustaba convertirse en la persona que ahora es.
Sabía que hay cosas imposibles. Como que un día vaya a su puerta y le diga que, aunque nunca se lo haya dicho, sabe lo que piensa, lo que quiere y que por eso está ahí.

Este diciembre ha llegado sin avisar, como todo lo frío. Por eso, por la ausencia de avisos, todavía no ha encontrado el momento de pararse a pensar que no está tan mal en lo que se ha convertido. Si fuera valiente, diría que el único problema de este diciembre es que... he dicho si fuera valiente.

14 may 2010

Película americana para adolescentes.

Nunca se toma en serio a sí mismo porque es del tipo de personas que hacen una montaña de un grano de arena.
Lleva años riéndose de la vida y de la falta de tiempo. Se burla de sí mismo si no tiene a nadie que le dé palmadas en la espalda cuando se atraganta con la leche blanca del desayuno y le salen los lloros por los ojos y un qué poco ha faltado. Todo está perfecto, dice con seguridad entre sus amigos. Aunque a veces, cuando vuelve a casa por la calle, espera que alguien esté esperándole en el salón (pero nunca está).

3 may 2010

¿En qué diablos estabas pensando?

- ¿Por qué has hecho esto? Por qué, por qué, por qué... Siempre te he dicho que no salgas descalza a jugar con la nieve de tu jardín. De hecho, nunca me ha gustado que nevara en tu jardín, cuando
fuera luce el sol. Vamos, ¡no puedes rendirte! Ven, voy a ponerte la capucha. Mira, pareces un
esquimal, con la nariz roja y la bufanda morada. Pero despiértate ya. Vamos, te prometo que te
llevaré a curarte esta herida que tienes por debajo de la piel, entre los huesos. ¿Acaso quieres
perderte el verano? ¿Acaso quieres dejarme solo? Sabes que me da miedo la noche, que me
despierto gritando. A lo mejor todo esto es una pesadilla y tú estás bien, al otro lado de la cama. A lo mejor es de noche, está amaneciendo y... La culpa ha sido mía, ha sido mía, que te he dejado salir al jardín nevado descalza.



8 feb 2010

Anticipo de lo que nunca fuimos.

Echo de menos aquellas visitas a las dos de la madrugada. Que te apoyaras en la ventana y citaras a Cortázar. Ya sé que eso nunca ha pasado, pero aún hoy perviven en mi mente esas imágenes que no llegaron a suceder; como tequilas a las nueve de la noche o camisas que me quedan grandes. ¿Quién soy yo para maldecir estas cicatrices, insensatas, nacidas del veneno que nunca derramamos? ¿Acaso tengo derecho a maldecir esta tramada ausencia que me exhuma?

Qué poco lineal es la vida. Han pasado desapercibidos todos esos gestos que nunca hiciste. Cómo embriagan los recuerdos de aquello para lo que nos faltó valor. Qué frágil es el recuerdo inventado de aquella mañana en que citabas a Cortázar:


Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta
que me des
todo lo tuyo.
Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.
Por ahí un papelito
que solamente dice:
Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.
Y este fragmento:
La lenta máquina del desamor
los engranajes del reflujo
los cuerpos que abandonan las almohadas
las sábanas los besos
y de pie ante el espejo interrogándose
cada uno a sí mismo
ya no mirándose entre ellos
ya no desnudos para el otro
ya no te amo,
mi amor.
Cortázar

17 ene 2010

Enero está lleno de malas personas.

Este enero defrauda un poco.
Es como aquella mañana en que no encontraba las llaves de casa y tenía que salir. Y busqué, busqué entre las sábanas, entre los montones de ropa esparcidos por la mesa, en los cajones llenos de decadencia y necesidad. Busqué, desesperada, incluso con lágrimas en los ojos. "¿Acaso también van a reirse de mí unas malditas llaves?". Y seguí buscando en el baño, en la lavadora, debajo de las macetas, en el cajón de la ropa interior. Cuando sentí que no había solución, descolgué el teléfono.

- Mamá, ha pasado algo.
- ¿Cómo? ¿Estás bien?
- No, mamá. Me he dado cuenta de que soy la peor persona del mundo -oí como suspiraba, aliviada. No he quemado la casa, ni he atropellado a nadie, ni he saltado desde el ático.
- ¿Qué ha pasado? ¿Otra vez has perdido tus alas de polvo? -me pregunta, irónica.
- No, mamá. No encuentro las llaves de casa.
- Bueno, pero ¿qué es lo que ha pasado?
- ¡Que no encuentro las llaves de casa, mamá, joder! -a esas alturas me siento tan absurda y humillada...
- Bueno, vete y ya las buscaremos. Se te va a hacer tarde.

De hecho, ya se me había hecho tarde. Salir de casa enfadada, decaída y avergonzada porque no encuentro las dichosas llaves es algo que solo ocurre en enero.

Además, tampoco aparecieron los malditos auriculares. Y tuve que escuchar cada latido de la calle, dormida aún. Aprecié el ruido de los tacones de la putita de turno que llegaba a casa a las ocho y media de la mañana, me estremecí ante la violencia de los piropos que el yonki de la plaza de la Iglesia (sitio preferido de los yonkis de mi barrio para descansar, a ver si Dios les ampara) le grita a la promiscua mujer, y me acorbardé al escuchar el terriblemente malhumorado "buenos días" con el que me obsequió el conductor del autobús 153 con parada en el antiguo cine Royal.

Quizás todos ellos también se hayan dado cuenta de que son las peores personas del mundo hoy.

15 dic 2009

No quiero que vuelvas a morderte las uñas.

Te vas. Te alejas cada vez más. Cada día más. Pero siempre veo tu silueta a lo lejos, borrosa. Cada vez más pequeña. Te vas. Y no digo nada, porque soy de pocas palabras. Y no hago nada, porque siempre han sido otros los que han tenido el valor. Pero ahora mismo estás a punto de doblar una esquina, y entonces dejaré de verte.

Y tengo a mi orgullo en una mano y lo que me queda de razón (porque no hablo de corazón en público) en otra, mientras tú estás a punto de doblar la esquina y todo se rompe en pedazos. La oportunidad se va sin mí. La mejor oportunidad está a punto de doblar una esquina, y entonces dejaré de verla, y dejaré de girar a toda velocidad, más rápido de lo que mi mente puede ir, dejaré de notar el corazón rebotar. ¿Y después? Hueco, hueco, hueco, hueco.

Pero la culpa es mía. Porque tú me pediste que volviera a ser, y la única respuesta fue un silencio que te hizo darte cuenta de que si te acabas nadie va a seguirte el diálogo... Porque soy de pocas palabras, aunque pueda enamorarme siete veces al día y convertirte en mi figura literaria favorita (hipérbole).

Esto es para cuando sea demasiado tarde (aunque siento que ya es demasiado tarde).