8 may 2011
Paloma.
22 abr 2011
Guión de un ligoteo.
EXT. CALLE ANTIGUA DEL CENTRO DE MADRID – ATARDECER.
Un barrendero amontona la basura en la entrada de un restaurante de lujo. En la calle solo hay una pareja de ejecutivos trajeados. MARTINA (21) aparece corriendo desde una calle secundaria. Lleva un vestido de tirantes de flores y chaleco de color salmón y calza botas de militar. Al llegar a la puerta del bar colindante al restaurante de lujo, se suelta la larga coleta castaña y entra decidida.
INT. BAR – ATARDECER.
En el bar hay una decena de personas bebiendo solas. Dos jóvenes extranjeros discuten con el camarero. MARTINA se dirige a la parte trasera de la barra. ÁNGEL (37) escribe en una agenda mientras bebe de un vaso de tubo.
MARTINA
Madrid da asco en Agosto. Los de Barcelona tienen razón: no tenemos playa y es como vivir en un asadero.
ÁNGEL la mira mientras habla y, cuando termina, vuelve a escribir en su agenda. Tiene el pelo castaño y ondulado, casi hasta los hombros. Viste unos pantalones vaqueros y una americana. Es diestro y aprieta con violencia el bolígrafo plateado en las hojas.
MARTINA se desabrocha el chaleco, pero no se lo quita.
MARTINA
No hay nada que hacer en Madrid en agosto. ¡Es tan desolador! Ni siquiera parece que haya mendigos en las esquinas, ni músicos en el metro. Todo el mundo está fuera. Todos han hecho sus maletas y se han ido felices con sus familias. Bueno, puede que algunos no sean felices, ¡pero al menos están en la playa! ¿Qué importa si la que está a tu lado no te hace feliz, o si tus hijos son unos ignorantes que no llegarán a nada en su vida, mientras tengas el mar abierto en frente? El mar abierto… Salvaje. ¿Y qué hay de salvaje en Madrid esta noche? Bueno, ni siquiera ha anochecido y ya estoy convencida de que esta noche será una porquería. ¡Míranos a todos los que estamos aquí! Es este ambiente asolador el que nos exprime y deprime. ¿Lo has notado?
ÁNGEL, distraído, levanta un segundo la mirada de sus notas y mira a MARTINA confundido.
ÁNGEL
¿Notar el qué?
MARTINA
¡Este calor asfixiante! ¿Cómo no vamos a oler mal si la temperatura en esta ciudad no baja de los treinta grados? Parecemos los animales tristes del zoo de Madrid, vagando por estas calles esperando a que alguien nos lance una botella de agua fría. ¿Es que no sientes el aire enmohecido? ¿No se te pega la camisa al pecho? ¡Por Dios, pero si llevas una americana! Debes estar enfermo. ¿Acaso no estás a punto de desmayarte?
ÁNGEL se mira el pecho y después fijamente a MARTINA. Ella lleva las uñas cortas pintadas de rosa y colorete por encima de las mejillas. Tiene un lunar debajo encima de la ceja derecha que a veces se esconde con el flequillo, cuando mueve rápido la cabeza.
ÁNGEL
No tengo calor. Puedo pedirte una cerveza, o agua, si tú sí tienes calor.
MARTINA
Claro, gracias. Una cerveza estará bien. No será como bebérmela en la arena de una cala del sur, pero estará bien. Por cierto, me llamo Martina. Nací en Granada pero me mudé cuando tenía cinco años. No recuerdo muchos detalles de mi infancia, pero conservo alguna fotografía de cuando aprendí a andar y se aprecia que amaba la playa. Bueno, no sé hasta qué punto se puede amar a un objeto sin vida. Aunque, pensándolo bien, el mar tiene más vida que tú y que yo juntos. Me refiero a que no sé si se puede amar algo que no sea humano. Ya sabes, amor… amor.
ÁNGEL
Yo amo mis dibujos.
MARTINA
¿Dibujas? Uau, adoro a los artistas. Lo máximo que puedo dibujar es un paisaje soleado de montañas. ¡Se me da tan mal! De verdad, te reirías de mí si vieras mis garabatos. ¿Te dedicas a ello? Seriamente, digo, como medio para ganarte la vida.
ÁNGEL
Bueno, sí. Hago algunas cosillas… Cabeceras para unas revistas e ilustraciones para una editorial infantil. Nada del otro mundo.
MARTINA
¡Eso es maravilloso, me encantan los niños! ¡Quiero tener centenares de hijos! Uno artista, otro cocinero, un cirujano, una bailarina de ballet… ¿No te parecen adorables esos mocosos? Porque yo adoro a esos renacuajos. ¡Aunque luego cuando crecen…! Pero bueno, no se puede pensar siempre en el futuro. Hay cosas que hay que hacer ahora, y si luego un hijo te sale tonto, ¡pues qué le vamos a hacer! Pero hay que pensar en el presente. En este abril. Que ya han pasado demasiados abriles y hemos dejado sin hacer muchas cosas que queríamos haber hecho. ¿No te parece? Yo ya estoy cansada de tantos errores. Es como vivir un eterno agosto en Madrid. Ya está bien de dejar de hacer cosas. Así que recoge tus cosas, voy a enseñarte unos jardines que hay aquí cerca.
MARTINA se levanta corriendo de taburete. ÁNGEL la mira confundido e intrigado sin moverse.
MARTINA
¡Vamos, levántate! Déjate llevar, que no te guíe tu cabeza, que te guíen tus ganas.
ÁNGEL
Martina…
MARTINA le interrumpe mientras empieza a hacer pataletas delante de él.
MARTINA
¿De qué tienes miedo? Ya eres todo un hombre, no debería darte miedo un jardín. No es el jardín del Edén, no vamos a tener todos esos hijos si tú no quieres.
ÁNGEL
Vale, vamos al jardín. Pero si tenemos un hijo, se llamará Simón, como mi padre.
MARTINA
Vale, acepto el trato. Firmo sentencia para el primero de nuestros hijos.
3 feb 2011
La piel no miente.
10 ene 2011
A ti quién.
18 nov 2010
La decisión más complicada (de Martina).
11 jul 2010
El bebé de nancy no respira.
10 jun 2010
Junio disfrazado de invierno.
Este diciembre ha llegado sin avisar, como todo lo frío. Por eso, por la ausencia de avisos, todavía no ha encontrado el momento de pararse a pensar que no está tan mal en lo que se ha convertido. Si fuera valiente, diría que el único problema de este diciembre es que... he dicho si fuera valiente.
14 may 2010
Película americana para adolescentes.
3 may 2010
¿En qué diablos estabas pensando?
8 feb 2010
Anticipo de lo que nunca fuimos.
Qué poco lineal es la vida. Han pasado desapercibidos todos esos gestos que nunca hiciste. Cómo embriagan los recuerdos de aquello para lo que nos faltó valor. Qué frágil es el recuerdo inventado de aquella mañana en que citabas a Cortázar:
17 ene 2010
Enero está lleno de malas personas.
Es como aquella mañana en que no encontraba las llaves de casa y tenía que salir. Y busqué, busqué entre las sábanas, entre los montones de ropa esparcidos por la mesa, en los cajones llenos de decadencia y necesidad. Busqué, desesperada, incluso con lágrimas en los ojos. "¿Acaso también van a reirse de mí unas malditas llaves?". Y seguí buscando en el baño, en la lavadora, debajo de las macetas, en el cajón de la ropa interior. Cuando sentí que no había solución, descolgué el teléfono.
- Mamá, ha pasado algo.
- ¿Cómo? ¿Estás bien?
- No, mamá. Me he dado cuenta de que soy la peor persona del mundo -oí como suspiraba, aliviada. No he quemado la casa, ni he atropellado a nadie, ni he saltado desde el ático.
- ¿Qué ha pasado? ¿Otra vez has perdido tus alas de polvo? -me pregunta, irónica.
- No, mamá. No encuentro las llaves de casa.
- Bueno, pero ¿qué es lo que ha pasado?
- ¡Que no encuentro las llaves de casa, mamá, joder! -a esas alturas me siento tan absurda y humillada...
- Bueno, vete y ya las buscaremos. Se te va a hacer tarde.
De hecho, ya se me había hecho tarde. Salir de casa enfadada, decaída y avergonzada porque no encuentro las dichosas llaves es algo que solo ocurre en enero.
Además, tampoco aparecieron los malditos auriculares. Y tuve que escuchar cada latido de la calle, dormida aún. Aprecié el ruido de los tacones de la putita de turno que llegaba a casa a las ocho y media de la mañana, me estremecí ante la violencia de los piropos que el yonki de la plaza de la Iglesia (sitio preferido de los yonkis de mi barrio para descansar, a ver si Dios les ampara) le grita a la promiscua mujer, y me acorbardé al escuchar el terriblemente malhumorado "buenos días" con el que me obsequió el conductor del autobús 153 con parada en el antiguo cine Royal.
Quizás todos ellos también se hayan dado cuenta de que son las peores personas del mundo hoy.
15 dic 2009
No quiero que vuelvas a morderte las uñas.
Y tengo a mi orgullo en una mano y lo que me queda de razón (porque no hablo de corazón en público) en otra, mientras tú estás a punto de doblar la esquina y todo se rompe en pedazos. La oportunidad se va sin mí. La mejor oportunidad está a punto de doblar una esquina, y entonces dejaré de verla, y dejaré de girar a toda velocidad, más rápido de lo que mi mente puede ir, dejaré de notar el corazón rebotar. ¿Y después? Hueco, hueco, hueco, hueco.
Pero la culpa es mía. Porque tú me pediste que volviera a ser, y la única respuesta fue un silencio que te hizo darte cuenta de que si te acabas nadie va a seguirte el diálogo... Porque soy de pocas palabras, aunque pueda enamorarme siete veces al día y convertirte en mi figura literaria favorita (hipérbole).
Esto es para cuando sea demasiado tarde (aunque siento que ya es demasiado tarde).