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25 ene 2011

Chica, especialízate.

He vuelto a romper los auriculares de mi reproductor de música. De la manera más tonta: tirando del cable en un ataque de rabia. Con desesperación. Tirando del cable como si alcanzando a ver el otro extremo fuera a terminar con todo. Tonta.

Vuelvo a tener que escuchar conversaciones ajenas en mis viajes de autobús. Las señoras de delante se van de boda (tendré que ponerme el traje de la comunión del niño, porque en época de crisis ya se sabe). El conductor se pasa una parada y un oficinista trajeado le grita desde la puerta de atrás (qué pasa, ¿que no piensa en lo que hace?).

Y a mí lado está Lucas Belmonte. No le conozco de nada, pero se ha sentado hace diez minutos en el asiento contiguo a mi montaña de cosas y ya conozco más detalles de su vida que de la de otra mucha gente que considero amiga. Que él es pintor e hizo una exposición en un pueblecito de Madrid. Que cómo me llamo. Laura-contesto (porque Laura le dice a los desconocidos que su nombre es Eugenia; pero si hubiera pronunciado Eugenia en lugar de Laura me hubiera empezado a reír, reírme sin parar, viendo cómo el autobús se queda vacío y Lucas me mira con cara de asombro mientras piensa de qué cojones se ríe esta chica).

Pienso con alivio que estoy cerca de mi casa, mientras Lucas no para de hablarme. Me dice que tengo que cuidar a mis amigas, que son lo mejor que tengo. En su caso son amigos, pero se imagina -me comenta- que yo tendré amigas. Ya se sabe cómo somos los humanos.
Que no entiende por qué no tiene novia. Siempre ha buscado una mujer, y ha estado dos veces enamorado. A una de ellas la conoció en una terapia de estas a las que va la gente con problemas de alcoholemia (pero que él ya no bebe, nunca, nada, lo jura, te lo juro, Laura, te lo juro aunque me huela el aliento a vodka barato y la cerveza haya hecho estragos en mi tripa).

Pero no le importa no tener pareja, no me importa, qué le va a importar a Lucas que la jovencita de Alcohólicos anónimos dejara de llamarle, porque lo más importante en la vida,Laura, es especializarse en algo. Da igual en qué (me hubiera gustado preguntarle si tiene valor que me especialice en baldosas, pero imagino que hubiera dicho que sí), lo importante es ser el mejor en algo. Entonces la gente se acordará de ti cuando necesiten ese algo y te llamarán. Laura, especialízate en algo.

Chica, especialízate en algo.

(pero en qué, pero en quién)

10 jun 2010

Junio disfrazado de invierno.

No lo tomes a mal. Si yo estuviera enferma, me gustaría que tú me cuidases. "Mi mujer está enferma: voy a matar este cordero para hacerle un buen guiso de carne. Mi mujer está enferma: voy a guardar esta enjundia de gallina para aliviar su pecho; voy a llevarle esta piel de oveja para guardar sus pies de la nieve". Así soy yo. Por eso te cuido.
Yerma.


Ayer tuvo que salir corriendo del metro porque llovía como en diciembre. Y sintió que era Navidad cuando se le pegó el pelo a la cara y el aire frío le hizo tiritar y correr más rápido. Sentirse como en diciembre es una completa inmundicia. Sobre todo cuando el invierno anterior le asustaba convertirse en la persona que ahora es.
Sabía que hay cosas imposibles. Como que un día vaya a su puerta y le diga que, aunque nunca se lo haya dicho, sabe lo que piensa, lo que quiere y que por eso está ahí.

Este diciembre ha llegado sin avisar, como todo lo frío. Por eso, por la ausencia de avisos, todavía no ha encontrado el momento de pararse a pensar que no está tan mal en lo que se ha convertido. Si fuera valiente, diría que el único problema de este diciembre es que... he dicho si fuera valiente.

7 feb 2010

Z es la fuerte.

Hay dos bueyes unidos por un yugo. Uno es más fuerte, el otro es más débil. Uno es más experimentado, el otro es más novato. Dondequiera que vaya el más fuerte, el otro tiene que seguirle... porque están unidos por un yugo.
¿Alguna vez te has sentido unido a otro más fuerte que tú? Te encantaría ser libre del yugo. Has intentado librarte pero no puedes, y te ves obligado a seguir al que es más fuerte que tú. Estás esclavizado. ¿Hay esperanza para ti?





13 ene 2010

Metro de Madrid. Asfixia.

Viajo en metro hoy, como de costumbre. En este metro que es ya una extensión de mí. Patricia Metro de Madrid Vuela.

Pero las cosas cambian.

Antes eramos extraños. Pero eramos nosotros, a fin de cuentas.

Y ahora el metro es nostalgia. Es un escenario vacío, solitario, sombrío. A veces tropiezo con restos de lo que fueron estos vagones que me provocan confusión. Metro de Madrid Vuela. Metro de Madrid Duele. Metro de Madrid Ataca, Empuja, Asfixia.

Eramos extraños en aquellos vagones. Apuesto que si hubiesen estado libres los asientos de mi derecha o de su izquiera, hubiéramos optado por desplazarnos unos centímetros.

Yo jugaba con mis manos entre estación y estación, y nos contemplaba algunas veces en reflejo del cristal.

Eramos extraños, igual de extraños que esta señora que está sentada en frente mío y que me recuerda a mí misma. Ahora no necesito mirar al reflejo del cristal para verme. Basta con mirarle a ella para verme a mí. Para ver cómo será el fantasma que seré dentro de unos años.

Sus labios, pintados de rojo, aparentando una juventud que perdió hace décadas, se mantienen cerrados, en una mueca neutral. Tampoco dice nada esa boca arrugada e irregular.

La única vida de su rostro reside en sus ojos, atrevidos.

No quiero que me mire. No quiero que me mire y me sonría, y me muestre el fantasma que seré dentro de unos años. Me da miedo que me hable, que utilice esa boca llena de pliegues para enseñarme lo que provoca la nostalgia o la falta de valentía.

No quiero volver a reírme y que mi boca se convierta en esa boca. No quiero anunciar, como ella, melancolía, atemporalidad. No quiero ser como ella, no quiero la madurez de su rostro, ni la templanza de su mirada, ni la seriedad de su boca.

No quiero abandonar mi inquietud interior, mis descortesía y falta de inmodestia insultante.

No quiero que mi boca se caiga a cachos. Principe de Vergara, se va. Ha sido un placer.