Cuando abrió su primer paquete, comprobé que yo debía de haberme portado fatal aquel año, porque en su montoncito de regalos estaba mi Barbie, rubia, brillante, perfecta.
Entonces empecé a gritar ¡Se han equivocado!, ¡Es para mí!. Resultó que las dos teníamos la misma muñeca, pero a ella también le regalaron la bici. En ese momento no entendí porqué ella tenía los regalos que quería y los que ansiaba yo. Ahora lo comprendo: es mucho mejor persona que yo (por eso hoy nos ha traído una tarta enorme de chocolate para celebrar su veinticuatro cumpleaños).
y el disfraz de luna?
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