21 jun 2010

S.



Llegará el día en que andemos por una playa del Sur y me encuentre una caracola, me la acerque con cuidado al oído y me diga, bajito, que qué suerte hemos tenido por llegar hasta ahí.
Porque la vida -seguirá contándome- es un caos, un accidente. Te chocas de frente, das la vuelta de campana, y terminas tumbada en la calzada esperando a que alguien venga a por ti.

Lo único importante ahora es encargarse de coger fuerza para la próxima vez que perdamos las brújulas. Ese día volveremos a llegar tarde a la terapia que se esconde en un edificio escondido de un barrio camuflado de Las Rozas, en Madrid, nuestra ciudad. Coger fuerzas también a base de comida rica en tu terraza y en el hall de la fundación Telefónica donde descubrí que tengo una siamesa. ¡Una siamesa valiente con acento andaluz!

Ahora, cada vez que escucho ciertas palabras, me sale una risita tonta. Pero qué importa que me ría cuando oigo hablar de colegialas, alitas y patatas y palomiteros si tú estás cogiendo fuerzas para la próxima vez que perdamos las brújulas. En Madrid, nuestra ciudad.

1 comentario: