De repente todo está helado. Hace frío en la calle, en el lago, en el pasillo de las lavadoras, en la cama, en las escaleras, en el camino a casa, en la ducha, en el suelo. En sus coordenadas, en mi piel.
A veces nos arrasa una corriente de aire helado y mis doscientas pulsaciones por minuto se quedan encajadas entre las costillas. Entre mis costillas, digo, porque hoy cualquier otro hueso se me antoja demasiado lejano.
El frío es bueno.
ResponderEliminarPalpo algo triste...
ResponderEliminarno todos los huesos están lejos.
ResponderEliminarde hecho, yo estoy aquí.
contigo.
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