13 oct 2010

Frío y lenguas calientes.

De repente todo está helado. Hace frío en la calle, en el lago, en el pasillo de las lavadoras, en la cama, en las escaleras, en el camino a casa, en la ducha, en el suelo. En sus coordenadas, en mi piel.


A veces nos arrasa una corriente de aire helado y mis doscientas pulsaciones por minuto se quedan encajadas entre las costillas. Entre mis costillas, digo, porque hoy cualquier otro hueso se me antoja demasiado lejano.

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