5 feb 2012

El vino está helado.

Mi padre es inventor. Cuando yo tenía ocho años, creó una máquina del tiempo. Pero no una de esas que te llevan al pasado o al futuro, no: era un artilugio que producía lluvia, granizo, nieve, viento, calor y frío. La instalamos en el jardín. Nos visitaron periodistas y sabios de todo el mundo. La máquina ocupó las portadas de muchas revistas técnicas y todos hablaban de ella. Se organizaron excursiones, visitas guiadas, capillas para el rezo. ¿Obra de Dios o del Diablo? Nadie pudo descubrir el verdadero secreto. Mi padre tampoco fue capaz de razonar cómo había creado el invento, hasta que un día dejó de funcionar, de pronto. Lo peor de todo es que se atrancó en invierno. Lleva años nevando. Somos un continente helado olvidado. ¿Es sol eso que se cuela por la ventana? Nada, otro espejismo. ¡Pero qué frío! Mi padre sigue ahí. Ahora se las ha ingeniado para crear un sacacorchos. Funciona de maravilla, pero el vino está helado.

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