13 feb 2010

Silencio, se rueda.

Saboreo cada segundo. Como si fuera el último. Como si dentro de unos meses fuera a estar a kilómetros de distancia.
Saboreo cada segundo, aunque no me queden fuerzas para abrir los ojos. Qué importa, si he construido mi nueva casa en el suelo. Qué importa si no puedo levantarme (si mi casa está en el suelo). Aunque nunca había estado tan cansada, me carcajeo cuando piso la moqueta negra del salón improvisado. ¡Cuidado, que las huellas no se borran! Ni con lejía, ni con aguarrás.
- Descálzate, Patricia, si vas a poner ahí la cámara que grabe cada momento.
Me descalzan. Lanzan mis zapatillas al asfalto de mi ciudad y noto el frío del suelo donde he construído mi casa. Tengo el salón más minimalista del mundo. Un sofá y una mesita, y en la memoria las palabras que se van a reprochar. Si supiera que vienen dos. Y grito en el ensayo palabras que no aparecen en el guión: ¡Si supiera que me aprendí de memoria cada uno de sus silencios! ¡El horóscopo dice que sí!

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