La historia no la forman las guerras, ni las luchas de clase, ni los golpes de estado.
Lo que realmente la constituye son las risas y las sonrisas, las tardes con lluvia, el sol a ratitos, los chocolates calientes que quitan el frío, los bombones bonitos, tener que hacer tiempo una hora porque acabas de perder el autobús, y todo eso que llegó a partir de la revolución del verano pasado en el país más bonito de mis recuerdos, Irlanda.
No sé lo que pasó. A lo mejor fue el exceso de ganas o los hidratos de carbono. El caso es que desde entonces todo es un poco más fácil. Siguen existiendo las mañanas vacías y los días que no tienen sentido. Pero llegan los hidratos de carbono personificados y hablamos de cosas tontas. Enséñame a hacer sudokus, apaga la luz (¡y si apaga al instante!), ¿bailamos un poco? (y junta raro las rodillas), ¿quedamos este viernes?... Y todo es un poco más fácil.
Hace un año entraron hasta la cocina. Entonces, decidí que podían quedarse para siempre.
(*plátanas en estado puro)
Me gusta mucho, echo de menos la vida de allí...
ResponderEliminarY siempre estamos a tiempo de revolucionar el 2010...