5 dic 2010

Dignidad.

Supongo que la vida es como un eterno examen de conducir, donde el mejor consejo que pueden darte es el que sigue:
Cuando tomes una decisión, no la cambies. Si dudas, deja siempre la primera opción que hayas elegido.

Y yo no dejo de equivocarme. Fallé en el examen de conducir; cometí todos los errores que un conductor puede cometer. Y fallo regularmente en la ardua tarea del Ser.

Dignidad, desde que te fuiste a comprar tabaco no he vuelto a saber nada más de ti. Hay quien dice que no eres más que un agente secreto que solo quería sacarme información sobre las armas de destrucción masiva más dañinas para mi ventrículo izquierdo. Otros dicen que no eras más que un sueño de noche de invierno. Algunos insinúan que eras invención mía.

Pero, dignidad, yo sé que existías y que has ido a comprar gasolina para acabar con todos los que decoran sus vidas con fotos en blanco y negro. Sus vidas, y sus mesillas de noche, y sus cajones, y sus recuerdos, y sus tardes, y mi ausencia.

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