Un par de años después de lo convenido estrenamos fecha,
con la sensación extraña de que son Otros los que tienen que marcar nuestro cumpleaños y no nosotros mismos.
¿Qué aportó tanta parafernalia?
El fin de la tensión en los músculos.
La consumación del desencanto.
Terminar con el hambre (que no es más que no estar).
Y es que a veces el hueco del hambre nos hace cosquillas en la tripa.
Te levantas de madrugada, cuando te das cuenta de que la cama te ha quedado grande toda la noche y llevas algunas horas hecha un ovillo en la esquina del colchón, pensando con los ojos cerrados en lo que pudo ser.
Entonces te sientas en el borde de la cama, con las manos apretadas en la cintura y recuerdas qué cenaste ayer. Medio café y toneladas de cereales mientras veías aquella película francesa. Tenía que haberme quedado satisfecha con eso, piensas.
Pero entonces abres los ojos más de lo normal y te tapas la boca con las manos, y caes en la cuenta de que no es el hambre lo que te quita el sueño. Son las ausencias. Por eso no has podido dormir y la mañana te sabe amarga.
Entonces se nos ocurre formalizar un día para recordarnos que no existen las ausencias.
Que podemos encontrarnos en cualquier atardecer.
14 de diciembre.
Re-nacer con muchos sin... pero con un con-tigo, para poder siempre Choose Happiness.
ResponderEliminar