4 sept 2012

Y Kafka dijo: me voy a morir (de tanto amor).

No hay final,
las historias abiertas son la vida misma.

***

Durante aquellos dos días lo había esperado a cada instante, aun durante la noche lo esperaba. "Ahora llegaría Klamm", era el pensamiento constantemente rumiador, corriendo de un lado para otra, sin otra causa que la inquietud de la expectativa y la ansiedad de ser la primera en verlo cuando entrase.

Pero él no venía. En el corredor allá arriba el silencio es tan grande que resulta inimaginable si no ha estado uno mismo allí. Tan grande es el silencio que ni siquiera aguanta uno mucho tiempo allí, pues ese silencio arroja del lugar. Pero una y otra vez: diez veces arrojada, diez veces volvía Pepi a subir. Claro que era absurdo. Si Klamm deseaba venir, vendría, y si no deseaba venir, Pepi no lograría atraerlo aunque las palpitaciones de su corazón casi la sofocaran en su hornacina. Era absurdo, pero si él no venía casi todo se volvía absurdo. Y no vino.
El castillo,
F. Kafka.



Mañana me traerán un nuevo vestido.
Tal vez te mande llamar.