No hay final,
las historias abiertas son la vida misma.
***
Pero él no venía. En el corredor allá arriba el silencio es tan grande que resulta inimaginable si no ha estado uno mismo allí. Tan grande es el silencio que ni siquiera aguanta uno mucho tiempo allí, pues ese silencio arroja del lugar. Pero una y otra vez: diez veces arrojada, diez veces volvía Pepi a subir. Claro que era absurdo. Si Klamm deseaba venir, vendría, y si no deseaba venir, Pepi no lograría atraerlo aunque las palpitaciones de su corazón casi la sofocaran en su hornacina. Era absurdo, pero si él no venía casi todo se volvía absurdo. Y no vino.
El castillo,
F. Kafka.
Mañana me traerán un nuevo vestido.
Tal vez te mande llamar.