31 jul 2013

Hiperdemocracia. Yo, tú, él gobierna. Antes no: antes nos gobernaban.

CASI olvido que para ser escuchado hay que apretar fuerte el botón del megáfono.
¿Se escucha ahora en toda la plaza? Bien.

No queda mucho para que salga el autobús y, sin embargo, no ha levantado la mano el (temido) agobio al pasar la lista de los sentimientos que sí están presentes, que se han acercado aquí en esta tarde de julio.

¿Han llegado los sentimientos allí, a los despachos?
Porque en la calle se sienten hasta la extenuación.

Quizás recordéis que hace un tiempo tecleábamos como locos porque teníamos muchas cosas que decir. Ahora los aires han cambiado y hay tardes que apetece salir a la calle con este megáfono y gritarlas todas. Hay mañanas en que le damos a la tecla porque sin periodismo no hay democracia y otros tópicos que sí nos representan (o no... pero qué ritmo). Algunas noches caemos en la cuenta de que tanta tecla no ha servido para nada más que para aumentar la miopía y la vista cansada. Y, por último, todo concluye algunas madrugas en que me ***** al ******.

Gasset hablaba de la hiperdemocracia. Dice que nunca ha existido sociedad con las cosas tan a mano. Dudaba de que hubiera habido otra etapa histórica en la que la muchedumbre llegase a gobernar tan directamente como en nuestro tiempo.

La muchedumbre gobierna. Yo, tú, él gobierna. Me gobierno. Antes no: antes me gobernaban. Me gobernaban con mentirijillas y yo corría a teclear como una loca, a excusarme como una loca por lo que había hecho y lo que no había hecho.
Lo que quiero decir es que, a la vez que se estaba gestando una hiperdemocracia social, yo estaba creando mi hiperdemocracia personal.
Y hoy me muero de satisfacción, porque esta mañana en el Metro he sido realmente feliz y realmente triste a la vez. Hacía mucho tiempo que la felicidad plena no estaba acompañada de pena palpable.

Dicen que el tiempo acaba con el interés, con las ganas y con las ansias.
Y yo digo que quien ha terminado con sus prioridades es porque no eran sus auténticas prioridades.

En estas elecciones anticipadas convocadas en esta sucia plaza, votemos acerca de las prioridades que nos rondan.
¿Esta vez os habéis informado, bonitos míos?

Demos gracias al destino porque algunos hemos aterrizado en esa parte en que ya sabemos qué queremos.


Oiga, ¿el de la esquina?
A usted no le queremos más aquí.



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