Somos todas las cosas que hay (que existen) y por eso, a veces, no os entiendo.
Pedimos música, y nos la dieron. Pedimos libros, mensajes, recuerdos, desayunos, vino, poemas, tiempo, una afición, y lo recibimos todo. También llegó un poco de basura, sí, para valorar más lo primero cuando nos sorprende el ruido, los robos, los gritos (todo eso también tenemos, aunque no lo pedimos).
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Hay una balanza en la cocina desde antes de lo que nuestra memoria alcanza, y podríamos saber qué pesa más. Pero hace mucho que no pisamos esas baldosas. Para qué.



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