23 feb 2010

Mañana.

Despedirme de cada planta va a ser morirme cada vez, o sentirlas que se van a morir, sin mi cuidado. Y los muebles tan lindos, comprados en aquella calle de todas las cosas de segunda mano. Cosas preciosas, algunas verdaderas antigüedades. Habrá que liquidar todo. Cada venta un luto más. Falta tan poco tiempo para la última despedida de este mundo, que estos otros chau no me producen ninguna gracia, Nidia. No quiero despedidas de ninguna clase. Quiero quedarme tranquila en mi rincón, que no está acá donde no conozco a nadie y no quiero a nadie. Mi rincón está ahí, en una camita de una plaza desde donde veo el jardín que yo misma planté hace seis años. No tengo tiempo para plantar otro jardín, y menos que menos en un lugar tan lindo pero tan frío como este.

Manuel Puig




Descubrí este julio que hay dos tipos de despedidas: las deseadas y las impuestas. El conflicto es que la mayoría son impuestas. Y a esas las odio. Sobre todo porque tienen una fecha designada previamente, muy previamente. Y voy abriendo el camino, voy acercándome a lo que me gustaría hacer antes de decir el adiós definitivo. Y cuando me lleno de valor y voy a decir lo que me atormenta ya es demasiado tarde. Siempre es demasiado tarde cuando se trata de decir las cosas para las que hace falta valor.

2 comentarios:

  1. "No se es valiente si no se tiene miedo." Siempre hace falta valor para decir adiós.

    Vivir intensamente cada día sin importar cuándo será la despedida es lo que tenemos que aprender a hacer.

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